Me levantaba agotada, sabiendo que había una solución pero sin poder alcanzarla.
Hasta que una noche, navegando por internet porque no podía dormir, encontré algo que me dejó helada:
"Si tomas vitamina D sola, solo arreglas la mitad del problema."
Ahí entendí por qué tantas mujeres que tomaban vitamina D seguían sintiéndose igual.
No era que no funcionara. Les faltaba una pieza.
La vitamina D le dice a tu cuerpo "absorbe más calcio", pero necesita un compañero para decirle "llévalo al lugar correcto."
Sin ese compañero, el calcio puede ir a las arterias en lugar de a tus huesos.
Es como enviar un paquete sin poner la dirección.
Y eso lo cambió todo...